Cuerpo 12. Candara. Así fluye mi cabeza. Y aquí en este lugar, una de las cosas que me permiten es escribir y sumar. Sumo cada día los botes de cristal que mi madre cogió del arca. Los sumo, primero los que ella traía en sus manos, unas manos frías y huesudas, que pocas veces acariciaron. Esas manos con artrosis deformadas por la edad. Se le caen los botes y yo los cojo al aire.
Cuento. Sólo son cinco y muy grandes, hay que buscar más, le digo. Al momento ella acarrea otros cuatro. Al verle imagino tener nueve, sólo me quedan 3 para el cuerpo 12. Pero el tamaño de la letra es más grande que el número de botes, entonces recuerdo que dentro del frigorífico había más, aunque rellenos de mermelada y salsa de tomate. Son 7 los que ya se llenaron el día anterior. Con nueve botes puedo empezar la faena. Pienso también en los que tengo en mi casa, son 14, creo. De esta forma, tendría nueve vacíos, siete en un frigorífico y 14 en el otro. Veintiuno. Si consigo hacer los nueve que tengo vacíos, tendría 29. No es un número muy adecuado para tomar mermelada o salsa de tomate. Debería encontrar otro más y así sería múltiplo de tres, de 5, de 10 y de 15. Mientras, paseo por mi celda que tiene tres metros por 2,5 m. Si consigo pasear con mis pies juntos por la parte larga de la habitación tendría 30 pies, 10 por cada metro de la habitación y 25 pies por la parte más corta. De tal forma que tendría 55 pies.
domingo, 26 de enero de 2014
lunes, 13 de enero de 2014
La princesa XXXIV: Me acelero
Yo también me acelero. Aquí con la distancia tan grande y ese charco que dicen que nos separa, no siento tal distancia, te encuentro tan cerca que me imagino corriendo con los ojos cerrados por esa ciudad llena de puertas y ventanas, corro leyendo tu carta como si yo misma estuviera allí. Te fuiste con tu músico de concierto en concierto y allí tuviste que saltar el charco, como el juego de la oca, de puente a puente. Pero este viaje, como tantos otros son circulares, llegas a la meta y debes comenzar otra vez.
Siento que va a ser una ciudad bella para ti y no dudes que encontrarás un hueco en esa inmensidad. Probablemente no construyas ya un palacio y ¿por qué no? puedas construir un reino. Esta distancia me abruma, pero estoy segura que en algún momento iré hacia allí para conocerte en ese nuevo mundo. Porque este cambio sospecho que va a ser grande.
sábado, 21 de diciembre de 2013
Te regalamos un cuento
¿Quieres un cuento personalizado? Estas Navidades, Los cuentos de Eva quiere premiar tu fidelidad. Te invitamos a participar en nuestro concurso de facebook y podrás entrar en el sorteo de un cuento personalizado para ti o para quien tú quieras.
Sólo tienes que mandarnos una foto tuya con el último libro que estés leyendo. Los diez participantes más votados, entrarán en el sorteo.
Entra en la app de facebook y participa. ¡Mucha suerte!
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miércoles, 11 de diciembre de 2013
La princesa XXXIII: Nueva York
Disculpa mi tardanza, mamá, en escribir esta carta. La mudanza me ha tenido atareada mucho más de lo esperado y, aunque reconozco no haber tenido tiempo para sentarme frente al ordenador, no he dejado ni un momento de pensar en ti. Esto te encantaría.
Apenas he deshecho las
maletas, las cajas se me amontonan aún con enseres y recuerdos deseosos de
encontrar su sitio en el nuevo hogar. Las bolsas de ropas y sábanas, que
todavía huelen a Mediterráneo, aún no tienen ubicación entre los enormes
armarios de esta casa. Otro día te hablaré de los armarios. Tengo tantas cosas
que contarte…
Esta mañana, entre los paquetes, encontré tu caja. La caja de cartón que me enviaste en mi último cumpleaños. En ella vinieron conmigo los pocos recuerdos de la niñez que pude traer volando, pero que aquí, al otro lado del charco, y aún con la emoción del comienzo, parecen tantos… Enseguida tuve que cerrar la caja para poder también apagar con ella las lágrimas que me inundaron. Discúlpame de nuevo, mamá, que no parezca que quiero apagar los recuerdos.
sábado, 30 de noviembre de 2013
Hay que regalar un libro
En estas fechas tan señaladas donde las luces de las calles, los muñecos de nieve, los papa noeles o los anuncios de turrones nos invitan masivamente a consumir... Hay que regalar un libro.
Es el mejor regalo para quienes quieren apartarse del estrés de la oficina y los atascos, quienes esperan ansiosos los días de Navidad para escapar de la rutina, para quienes nunca tienen tiempo porque nunca es el momento.
Es el mejor regalo para quienes quieren desconectar de los exámenes que temidamente acechan tras la vuelta de vacaciones, para quienes ansían leer algo más que fórmulas y largas parrafadas subrayadas con colores fosforitos. Para quienes desean sentarse frente a un libro para evadirse, no para memorizar.
Es el mejor regalo para quienes ahora no reciben más que juguetes y más juguetes. Aparatos dispuestos de pilas, cables y pantallas que desprenden hiperactividad y contaminación acústica por todos lados. Para quienes siempre disfrutan con cualquier regalo.
Ahora es el momento. Hay que regalar un libro.
Es el mejor regalo para quienes quieren apartarse del estrés de la oficina y los atascos, quienes esperan ansiosos los días de Navidad para escapar de la rutina, para quienes nunca tienen tiempo porque nunca es el momento.
Es el mejor regalo para quienes quieren desconectar de los exámenes que temidamente acechan tras la vuelta de vacaciones, para quienes ansían leer algo más que fórmulas y largas parrafadas subrayadas con colores fosforitos. Para quienes desean sentarse frente a un libro para evadirse, no para memorizar.
Es el mejor regalo para quienes ahora no reciben más que juguetes y más juguetes. Aparatos dispuestos de pilas, cables y pantallas que desprenden hiperactividad y contaminación acústica por todos lados. Para quienes siempre disfrutan con cualquier regalo.
Ahora es el momento. Hay que regalar un libro.
sábado, 23 de noviembre de 2013
La princesa XXXII: Agua de lluvia
Adoro mi entretenimiento durante los días de lluvia, éstos parecen siempre más tristes y he encontrado un trabajo que me permite mojarme, salpicarme, empaparme y hasta helarme. Aunque intuía tu marcha, este otoño aún será más triste. Quiero sentir el agua que nos va a separar y para ello he creado un trabajo entretenido, lento y minucioso.
También es absorbente, puedo
realizarlo con gran concentración, pero sobre todo moja mis manos y mis lágrimas se confunden con el agua. Así
puedo llorar a mi antojo y es tal la concentración que tengo al realizar la
tarea que quedo ensimismada en la imagen y en el sonido del agua al caer hacia los recipientes.
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