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sábado, 19 de diciembre de 2015

Deshacer

Y mientras el segundero corría en contra de las agujas del reloj y el tiempo se revolvía en contra de su destino, ella deshacía lo vivido con él para intentar olvidarle. Cuando el tiempo de nuevo volvió a correr, apenas notó una insignificante cicatriz sin nombre remendada en el corazón que ni siquiera reconoció como suya.


Eva Garrido
Microrrelato publicado en la antología "Pluma, tinta y papel" de Diversidad Literaria, 2015.

domingo, 26 de enero de 2014

Cuerpo 12

Cuerpo 12. Candara. Así fluye mi cabeza. Y aquí en este lugar, una de las cosas que me permiten es escribir y sumar. Sumo cada día los botes de cristal que mi madre cogió del arca. Los sumo, primero los que ella traía en sus manos, unas manos frías y huesudas, que pocas veces acariciaron. Esas manos con artrosis deformadas por la edad. Se le caen los botes y yo los cojo al aire. 


Cuento. Sólo son cinco y muy grandes, hay que buscar más, le digo. Al momento ella acarrea otros cuatro. Al verle imagino tener nueve, sólo me quedan 3 para el cuerpo 12. Pero el tamaño de la letra es más grande que el número de botes, entonces recuerdo que dentro del frigorífico había más, aunque rellenos de mermelada y salsa de tomate. Son 7 los que ya se llenaron el día anterior. Con nueve botes puedo empezar la faena. Pienso también en los que tengo en mi casa, son 14, creo. De esta forma, tendría nueve vacíos, siete en un frigorífico y 14 en el otro. Veintiuno. Si consigo hacer los nueve que tengo vacíos, tendría 29. No es un número muy adecuado para tomar mermelada o salsa de tomate. Debería encontrar otro más y así sería múltiplo de tres, de 5, de 10 y de 15. Mientras, paseo por mi celda que tiene tres metros por 2,5 m. Si consigo pasear con mis pies juntos por la parte larga de la habitación tendría 30 pies, 10 por cada metro de la habitación y 25 pies por la parte más corta. De tal forma que tendría 55 pies. 

lunes, 3 de junio de 2013

A corazón abierto


Imaginaba tras su camisa el corazón arrebatado latiendo. Nunca había visto nada semejante, me sorprendía como las venas conocidas en los libros podrían visualizarse de una manera sencilla. Un corazón que no definía su carácter, sino un órgano físico adherido a su carne interna, húmeda y viva.

¿Cómo podría pensar aquella mujer que el corazón de un amigo al descubierto enseñara sus entrañas?

miércoles, 29 de mayo de 2013

Cien palabras para comerte


Tu cuerpo presente y yo pienso en comerte. Siento el calor de tus piernas que me portan hasta el cielo. Cegado por tu piel, palidezco al contemplarte. Y mi cabeza se pierde al pretender camelarte. Te comería, princesa, en pequeños cachitos. Con chocolate picante, como picante es tu cuerpo. Con caramelo en tus pezones, que en porcelana se convierten. Y colmado tu pecho, prometería cuidarlo. Te cubriría, pequeña, de poemas constantemente. De calurosas poesías para poder conquistarte. Y te escribiría cien palabras, cien palabras para comerte.

domingo, 17 de febrero de 2013

Pocas palabras bastan

El Dinosaurio, el cuento más corto del mundo, dice así:

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. 

 

Este microrrelato, escrito por el guatemalteco Augusto Monterroso, ha estado considerado durante mucho tiempo como el más corto del mundo. Hace poco, otra historia aún más corta desbancó al Dinosaurio dejándolo en un segundo lugar.