El día que nació el guindo fue el día en el que la princesa conquistó sus sueños.
Un minúsculo tallo verdoso asomaba entre la tierra de una pequeña maceta. Una
pequeña maceta, que aún así parecía un océano sin horizonte para la diminuta
plantita. En su casita, montada entre ilusiones, necesidad e imaginación, había
nacido vida.
