Una flor en la memoria. Una flor roja, recuerda la
princesa. Una flor que parecía construida en papel crepé, tan delicada que
podría romperse al tocarla. Guiada por la curiosidad, únicamente consiguió el
ataque de sus duros pinchos que se defendían amenazantes. La princesa aprendió
a esconder su culpa.
Un armario oscuro, recuerda. Un armario en el que
esconderse tras una travesura inocente y un lugar en el que poder fundirse con
el silencio para abstraerse del mundo y simplemente sentir el ritmo de su corazón.
La princesa aprendió a escucharse.
