Esto sí que es, literalmente, una Casa de Cuentos!!!
Recuerdo que, de pequeña, siempre estaba pidiendo a mi padre que me contara cuentos. A todas horas. Antes de dormir, antes de comer, antes de cenar... Él, inteligentemente, cansado de tanta insistencia, decidió grabar en una cinta de casette algunas de sus historias. Entonces yo me sentaba atenta, él le daba al play y me quedaba de nuevo embobada escuchando sus cuentos.... ¡Feliz día del padre!
Tristemente las madres
también se rompen, no sólo rompen los papeles, sino que en ocasiones los
pierden. Y aunque esa reina poderosa calma las lágrimas de la princesa,
también se desmorona y muchas veces es la niña la que hace crecer a
una madre deshojada.
Imagino tus
aposentos y tú, mi princesa pululando,
sonriendo entre colgajos, tus sonidos y tus papeles. Y es así como sueño tu
vida. Pero necesito creer en imágenes irreales para apaciguar todos aquellos
sueños que aún no se han hecho realidad. Y tú fuiste uno de mis sueños, que aún
sigue creciendo y creyendo en él. Por eso puedo cambiarlo a mi antojo, porque
cuando quiero es real y cuando deseo es imaginario.
Voy a la librería, escojo un libro ¡y me sale gratis! Con una propuesta tan increible, cualquiera pensaría que esta iniciativa debe de esconder alguna trampa. No la tiene. La librería Libros Libres, ofrece a todos sus clientes libros gratuitos.
¿Cómo funciona? Se acogen a una especie de trueque. Cualquiera puede buscar entre los estantes y llevarse los libros que quiera o, al contrario, hacer todo tipo de donaciones.También se puede colaborar con suscripciones, ofreciendo talleres... Todo vale.
El otro día nos topamos con esta "libroescultura" en el Museo Patio Herreriano de Valladolid. Las mil y una utilidades de los libros...
Aniversario de la muerte de Georges Prosper Remi, Hergé, el padre de Tintín
La princesa se ha
sentado a escribir en su libreta. Esa libreta que recoge bocetos, frases
inconexas, fantasías, ilusiones, pero, aún más, desilusiones. La princesa no
entiende por qué escribe palabras y más palabras pero ninguna de ellas se
atreve a dibujar historias. La papelera termina por llenarse de papeles rotos.
La princesa clava
impaciente sus esperanzas sobre el papel, como si quisiera hacerlas realidad a
la vez que las escribe, como si dibujar palabras sirviera para transformar
automáticamente los sueños en realidades. Pero no consigue darles forma.