Mi muñeca de cartón que nunca tuve o que me duró un
instante, se rompió en mis manos sin darme tiempo a acariciarla. Dibujo
tu cuerpo con mis palabras. Una pequeña princesa, pausada, que a veces corre
con el viento, tan deprisa, que casi se le vuela su corona.
Lleva en la mano un
cabás de cartón y en su boca le crece un
oboe.
Princesa de cartón, como aquellas muñecas de cartón coloreadas, que siempre estaban desvaídas por el uso, suaves por sobadas y viejas por la querencia. Hermosas por todo aquello que los niños otorgaron al juguete.

