Sigo observando mi rostro tras el espejo. Sigo clavando la mirada intentando atravesar el muro de la muerte para arrancar el corazón de aquellos que no duermen tranquilos. Me inquieta esa imagen borrosa que transmite mi reflejo. Me detengo a observarme, pero sólo escucho silencio.
En realidad, el silencio ha dejado de preocuparme. Me
preocupa la imagen difuminada que proyecta mi figura, como si no me dejara
verme, como si no pudiera saber quién soy. En realidad, siendo totalmente
sincera, tampoco eso me preocupa. Sé que algún día yo también seré capaz de
aplastar bajo mis pies los bichos que entorpezcan mi camino. Sólo que aún no
soy lo suficientemente fuerte.