La niña interiorizaba los sonidos de su habitación.
Los escuchaba y los hacía suyos. La niña era una princesa silenciosa, que
callaba sus fechorías guardándoselas para sí. Una chiquilla tímida que sólo se
atrevía a coger el micrófono y darle al rec cuando se encontraba segura entre
los muros de su habitación. Entonces cantaba como loca, despepitada, ante un
micrófono que recogía en una cinta todas las melodías disparatadas que nunca se
atrevió a cantar en público.
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domingo, 9 de junio de 2013
La princesa XXI: La princesa muda
La niña interiorizaba los sonidos de su habitación.
Los escuchaba y los hacía suyos. La niña era una princesa silenciosa, que
callaba sus fechorías guardándoselas para sí. Una chiquilla tímida que sólo se
atrevía a coger el micrófono y darle al rec cuando se encontraba segura entre
los muros de su habitación. Entonces cantaba como loca, despepitada, ante un
micrófono que recogía en una cinta todas las melodías disparatadas que nunca se
atrevió a cantar en público.
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